¿Por qué medir la productividad por horas está mal?
- North Consulting

- 6 ago
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Hace veintidós años, cuando empecé mi carrera profesional dábamos por hecho que la semana laboral era de cuarenta horas. En comunicación y eventos, esas cuarenta se convertían fácilmente en sesenta. Incluso existía cierto orgullo alrededor de aquello: cuantas más horas trabajabas, mejor profesional parecías.
Por entonces apenas teníamos responsabilidades fuera del trabajo. No había una casa que sostener ni una familia que cuidar. Poco a poco nos fuimos agotando y empezamos a preguntarnos si existía otra forma de trabajar.
Pero la reflexión no pasaba de ahí.
Después llegas a los treinta y formas una familia. Y dentro de mí empezó un torbellino de ideas, emociones y cambios de dirección.
¿Quería ser una supermujer, trabajar cuarenta horas o más y sostener una casa y una familia mientras mi pareja estaba trabajando en el mar? ¿Quería recoger a mis hijos, disfrutar de las vacaciones con ellos, mantener la casa en orden y seguir teniendo tiempo para mis amigos?
Claro que sí.
Lo quería todo. ¿Quién no?
Pero mi subconsciente, e incluso mi propio algoritmo, empezaron a mostrarme otras posibilidades. Que algunos CEO trabajaban cuatro horas al día. Que dedicar más horas no significaba necesariamente ser más eficiente.
Creo que cada persona debe hacer un pacto consigo misma y sostenerlo con coherencia. No existe un único camino correcto, pero sí una forma de ser honestos con nosotros mismos y con nuestro trabajo. Yo no quiero calentar una silla, salvo que sea en casa con mi familia o en un hotel contemplando la puesta de sol.
Quiero un trabajo en el que, tanto si le dedico cuatro horas como doce, esas horas tengan sentido, pasión y eficiencia. Entiendo el propósito de la regulación laboral, pero me pregunto si el foco no debería estar en otro lugar. En cultivar la pasión, la voluntad y el placer de aprender, en lugar de debatir si una persona rinde mejor por reducir su semana laboral dos horas y media.
Una lectura que me ayudó a ordenar estas ideas fue Slow Productivity, de Cal Newport.
El libro no solo recuerda que la semana laboral de cuarenta horas fue diseñada para un tipo muy concreto de trabajo. También propone otra manera de medirlo: por aquello que terminamos con calidad, no por lo ocupados que parecemos.
Su conversación en The Tim Ferriss Show también profundiza en esta idea.




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